Hace más de 25 años que bailo tango.

Esta magnífica música hecha baile llegó a mi vida de casualidad. Un joven que me arrastraba el ala me invitó a salir y me llevó a un club de barrio donde la gente bailaba tango con una orquesta en vivo. Me sacó a bailar y un mar de emociones me invadió: moverme al ritmo de una música tan bella, corazón a corazón con otrx, circulando entre abrazos, me conquistó para siempre.

El tango, obviamente. El joven no tuvo un papel tan protagónico en mi vida.

Desde entonces estudié mucho para aprender a bailarlo. Y como muy pronto empecé a soñar con enseñarlo, decidí conocer también el otro lado del abrazo: el de quien lleva.

Además, desde el comienzo me incomodaba la lógica machista que predominaba en las milongas, donde las mujeres teníamos que sentarnos a esperar que los hombres nos invitaran a bailar. Así que también fui —y soy— #LadoB en el tango: aprendí a llevar para no depender de otrx para bailar y, en algún momento del camino, tiré los tacos a la basura. Necesitaba estar cómoda, así que opté por las zapatillas y las botitas.

Bailé por todos lados: Buenos Aires, Nueva York, Londres, París, Madrid, Sitges… Me maravillaba descubrir que, adonde fuera, había una comunidad tanguera.

Porque cuando te pica el bichito del tango, ya no lo podés soltar.

Creo que una de las razones es que el tango permite algo que va a contramano de lo que propone este sistema capitalista: dejar de vivir en diferido para estar verdaderamente presentes.

Presentes en nuestros cuerpos, presentes con otrx, presentes en la música.

El tango es crear arte de a dos: interpretamos, en movimiento, lo que esa música nos produce, dentro de las posibilidades que ofrece la pista.

Es un diálogo entre cuerpos. Es darnos permiso para abrirnos y dejar que nos mueva. Es conectar realmente con otrx, más allá de las limitaciones del lenguaje. Es libertad.

El tango es sublime.

Sí, soy mega fan del tango.

Y este fin de semana viví una experiencia tanguera única: fui al Encuentro de Tangueros del Interior.

Esta serie de encuentros nació hace más de quince años y se realiza varias veces al año. Es itinerante y busca promover el tango en el interior de la Argentina y en países limítrofes.

Esta red popular, democrática y pluralista de amantes del tango que viajan por el país para encontrarse no busca generar ganancias personales. Se trata, sencillamente, de juntarse a bailar hasta que las piernas no den más.

Había intentado participar antes, pero distintas cuestiones de la vida me lo habían impedido. Así que, cuando vi que esta vez se hacía cerca de donde vivo, decidí hacerme un lugar y viajar a Córdoba.

Éramos más de mil personas vibrando al ritmo del tango, muchas veces con orquestas en vivo. Bailé hasta que las piernas, efectivamente, no me dieron más.

Pero lo que más me conmovió fue el ambiente amistoso y comunitario. Cada persona se vestía como quería. Todo lo que se perdía terminaba encontrando a su dueñx. Quienes bailaban desde hacía muchos años compartían la pista con quienes recién empezaban.

No había competencia ni exhibición de egos.

Había comunidad.

Escribo estas líneas para mi blog porque el tango es una parte importante de lo que soy y porque se lo deseo a todo el mundo.

Si todavía no conocen este baile, no se lo pierdan. Es único.

Si se sienten solxs, si quieren mover el cuerpo, si necesitan despegarse del celular, si buscan recuperar la presencia, el disfrute y el encuentro con otras personas, aprendan a bailar tango.

Para mí, es uno de los mejores compañeros de vida.